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Geografía

Las fuentes del Ganges (Juan Luis Salcedo)

LAS FUENTES DEL GANGES

Juan Luis Salcedo

 


Acudir a las fuentes del Ganges es hablar de las montañas del Himalaya donde nace el sagrado río y de las gentes que peregrinan por los altos senderos buscando un sentido a la vida. La experiencia de recorrer esos valles para llegar al pie de las grandes montañas y en muchos casos ascenderlas no es fácil de explicar.

El Himalaya es la cordillera más elevada de la tierra; limita al noroeste con la cordillera del Karakorum en Pakistán. Continúa por los países de India, Nepal, Sikkin, Buthán y finalmente el Tíbet dominando toda la vertiente norte de la cordillera.

No es sólo la cadena montañosa más impresionante del mundo con casi 3.000 kilómetros de longitud, sino la única en la que catorce de sus cumbres sobrepasan los 8.000.

Las montañas que tanto nos impresionan en la actualidad son, geológicamente hablando, muy jóvenes. Es un hecho que su formación aún no ha concluido, tal y como confirma el proceso de elevación que continúa teniendo lugar (puede medirse alrededor de un centímetro por año, aunque esto varía según época y lugar). Hoy en día no hay duda de que el Himalaya, el Transhimalaya y el Karakorum se formaron como resultado de la colisión entre el subcontinente Indio el llamado continente de Gondwâna que avanzaba en dirección norte colisionando con el complejo borde de Eurasia, formando un mar interior, el Mar de Tethys. El subcontinente siguió avanzando y los fondos marinos del mar de Tethys emergieron lanzados a las alturas. Hoy se pueden encontrar fósiles marinos en las montañas a más de 5.000 metros.

Tan pronto se formó la cordillera hace 40 millones de años, comenzó el proceso de erosión

Los grandes ríos del Kailâsh

De estos cataclismos surgieron espléndidas montañas y una en especial tiene un sentido religioso y geográfico, el Kailâsh.

Todos los ríos más importantes de las regiones del Himalaya nacen en el Kailâsh, a quien los tíbetanos llaman Kang Rimpoche, «Joya de las nieves». Estos ríos son: El Yarlung Tsangpo (Bramapûtra) en el este, el Indo en el norte, el Sâtlej en el oeste, el Karnalî en el sur y el Ganges a poca distancia del macizo, en el sudoeste. Esa extraordinaria situación es el resultado de un tipo especial de falla, aparecida en el Kailâsh hace 30 millones de años cuando el Himalaya se encontraba en su fase orogénica inicial.

Estas montañas están rodeadas de leyendas en su nacimiento, algo lógico, en unos ríos que han traído la vida y la muerte a lo largo de la historia, a las gentes que viven en sus orillas.

Las antiguas descripciones de la geografía del Tíbet ven cómo cinco ríos nacen en el monte Kailâsh y en los lagos de Râksas y Manasarowar. Su interpretación afirma que el Sîta (el Indo) surge de la «Boca del León» y se interna en el Ladakh, la tierra de los hombres fuertes como leones. El Pâshku (el Sâtlej) nace de la «Boca del Caballo» y circula en dirección oeste a través del Tíbet, la tierra de los caballos. El que surge de la «Boca del Elefante» (el Karnalî), fluye a través de Nepal, la tierra de los elefantes. El Shîndo (el Yarlung Tsangpo-Brahmapûtra) que tiene su nacimiento en la «Boca del Pavo Real», atraviesa China, la tierra de las mujeres hermosas. Y el Gangâ (el Ganges, el más sagrado), que nace de la «Cabeza de la Vaca», fluye en dirección sudeste bañando la India.

Los devotos de las tradiciones jainistas afirman que en los albores de la historia, Rishâbha, su legendario legislador, alcanzó el nirvana en el monte Kailâsh. Según la tradición, mientras meditaba decidió morir ayunando. Después, los dioses quemaron su cadáver con gran pompa, en una ceremonia que se considera precursora de la costumbre de la incineración antes del enterramiento. Bharâta era el hijo de Rishâbha y todos le reconocieron como el primer rey universal de toda la India, quien dio a este país el nombre de Bhârat. Los jainistas cuentan que hizo construir un templo en el monte Kailâsh para recordar el nombre de su padre. Era tan magnífico que los hijos de Bharâta temían que robaran sus tesoros. Por esta razón, cavaron trincheras defensivas cambiando el curso del Ganges. Los espíritus Nâga, habitantes de las profundidades de la tierra, se enfurecieron tanto que el rey de los Nâga aniquiló a todos sus hijos. Este hecho dejó a Bharâta sumido en la desesperación al principio, aunque después logró aplacar al rey de los Nâga haciendo que su nieto Bhagirâth volviera el Ganges a su curso normal, para que pudiera llegar hasta el mar. Esto explica por qué el Ganges en su cabecera, se le llama Bhagirathî, en recuerdo del nieto del rey Bharatha.

Como se ve, el nacimiento del Ganges está íntimamente ligado a la mitología del Kailâsh.

El Karnalî emerge al sur del Kailâsh, en los glaciares del oeste de las montañas de Gurla Mandata. Se desliza por la llanura de la alta meseta del Tíbet, hasta que entra en Nepal, por la estrecha garganta de Kojarnâth donde comienza la travesía del Himalaya por impenetrables y profundas quebradas, hasta llegar a las junglas del Therai, donde discurre ancho y tranquilo hasta encontrarse con el Ghâghara. Por encima de Pâtna, el Ghâghara se une al Ganges.

Según las antiguas leyendas que contaban los peregrinos, durante un tiempo se pensó que el Sarasvatî, un riachuelo que emerge de un pequeño lago situado en el puerto de Mâna, a 5.450 metros de altura, en la frontera con el Tíbet, estaba nutrido por uno de los pequeños afluentes del Sâtlej que nace en el lago Mansarovar y que por tanto nutría al Ganges de las aguas nacidas al pie del Kailâsh, el centro del Universo.

Pero la realidad se impuso y se comprobó que el Ganges nace en las montañas del Garwal, una cadena montañosa que comprende varios picos de 7.000 metros de altura, y que resulta especialmente espectacular, debido a sus escarpadas paredes de granito blanco.

Las aguas del macizo del Gârwal, vierten al sur del Himalaya. Varias fuentes alimentan el Ganges. Según una tradición religiosa, hay tres muy importantes, aunque su importancia no depende de su caudal. La cabecera principal del río se llama Bhagirathî, la otra fuente importante por aportar más caudal es el Alaknandâ y la tercera el Mandâkini.

El Alaknandâ es la segunda cabecera del Ganges, aunque por su caudal se discute si pudiera ser la principal. Nace en el glaciar de Satopânth en el lago sagrado del mismo nombre a 4.400 metros, custodiado por el pico Badrinâth, de 7.140 metros, un poco más abajo se encuentra situado el centro de peregrinaje de Badrinâth, donde está uno de los templos más sagrados de la India dedicado a Vishnu, construido sobre un manantial de agua caliente que alcanza una temperatura de 60 grados.

Si el baño en el Ganges purifica a los hindúes, la inmersión en el lago sagrado de Hemkund, muy próximo a Badrinâth, borra los pecados de los sikhs. En verano, masas de fieles de esta religión ascienden en masa desde Govînd Ghat atraídos por sus sagradas aguas. El Alaknandâ discurriendo en dirección sur se introduce en una estrecha garganta de escarpadas paredes de cuarcita de 20 kilómetros de longitud. Al salir, se encuentra con el Dhâuli, un río de igual tamaño que fluye desde un glaciar situado bajo en el Kamet de 7.770 metros, un poco antes de esta confluencia se encuentra el bello pueblo de Joshimâth, otro centro de peregrinaje y uno de los pueblos más hermosos de toda la región del alto Ganges.

Veinticinco kilómetros más abajo se encuentra con la tercera cabecera del Ganges, el Mandâkini que tiene sus orígenes en el glaciar de Kedarnâth cuyos hielos se nutren del pico del mismo nombre de 7.000 metros de altura. En este lugar se encuentra otro de los santuarios importantes del Himalaya, dedicado a Shiva. Según los Purâna, cuando los Pândava estaban buscando a Shiva para que les otorgara la absolución, lograron seguir su rastro hasta Kedarnâth. Está situado en un espléndido lugar de campos y huertos rodeado de contrafuertes de roca y glaciares. Desde aquí, el Mandâkini discurre entre gargantas y cincuenta kilómetros más abajo de su nacimiento, se encuentra con el Alaknandâ, que girando hacia el oeste encamina su curso al encuentro con el Bhagirathî.

Este encuentro sucede en Deoprayâg, donde el río adquiere definitivamente el nombre, de Ganges. La unión de dos cursos fluviales constituye un prayâg, lugar sagrado idóneo para hacer una ofrenda y obtener los mejores auspicios. Deoprayâg es el más sagrado de los cinco prayâg que trenzan la cuenca alta del Ganges. Brahmanes procedentes del sur de la India constituyen la mayoría de la población. De ella parten los peregrinos para completar su yâtra (el viaje), la ruta que de este a oeste hilvana, mediante 400 kilómetros de senderos y carreteras, los cuatro santuarios del Garwâl: Badrinâth, Kedarnâth, Gangotri y Yamunotri. Si las fuerzas y las autoridades chinas lo permiten, los más afortunados podrán intentar acceder al summum: la montaña más santa del hinduismo, el monte Kailâsh, ya en tierra tibetana.

El Bhagirathî, es la primera y principal fuente del Ganges. Tiene su origen en el glaciar del mismo nombre al pie de una de las montañas más bellas del Himalaya y de la tierra, el Shiviling de 6.534 metros de altura: Shiviling es la abreviatura de Shiva Lingam (el lingam de Shiva), el dios de la fertilidad.

El río ha formado una escarpada garganta, que conduce al sagrado templo de la diosa Ganga Mâi, en Gangotrî. En el modesto templo edificado en el siglo dieciocho se venera la figura de la diosa, representada en una joven hermosa vestida de blanco, con la frente enmarcada en una rica diadema, de pie sobre un monstruo marino, Mâkara, que le sirve de vehículo, cabalga arrastrada por Hâmsa, mitad águila y mitad cisne.

Una de las versiones sobre su nacimiento la hace hija de Shiva y Parvatî. Según cuenta la leyenda, estando un día Parvatî jugando con Shiva se deslizó maliciosamente tras él y con sus manos le tapó los ojos; en ese momento la vida se extinguió en el Universo, el sol se quedó sin brillo y el mundo se sumió en tinieblas. Aterrorizada, la diosa retiró las manos pero de sus dedos partió una gota de sudor que fue el origen del río. Aunque la versión más extendida la considera hija del Himalaya. Vivía en el cielo, pero siendo preciso su descenso a la tierra, Shiva prestó su cabeza para amortiguar el golpe de la caída de la cascada divina que podía destruir la tierra y las aguas resbalaron por su cabellera.

Desde su mítico nacimiento, el Ganges limpia de toda culpa a quien se acerca a sus aguas.

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