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Geografía

Las exploraciones en Everest en los tiempos del Raj (Juan Luis Salcedo)

LAS EXPLORACIONES AL EVEREST EN LOS TIEMPOS DEL RAJ

Juan Luis Salcedo


En 1903, los británicos enviaron una expedición militar al Tíbet, dirigidos por el coronel Francis Younghusband.Su objetivo era asegurar el favor del dirigente del Tibet, el Dalai Lama, con la intención de evitar que Rusia ocupara un país desde el cual pudiera amenazar el dominio británico sobre la india. Los intentos de negociación fracasaron y Younghusband prosiguió su camino hacia Lhasa, repeliendo los ataques de las fuerzas tibetanas. Finalmente los británicos consiguieron su objetivo con un tratado que se firmo en septiembre de 1904.

El capitán Younghusband, que era un alpinista y había recorrido las regiones del Himalaya indio; llegó a 150 kilometros del Everest y estudió desde la distancia una posible aproximación a la montaña por la vertiente Norte. Entre los hombres de Younghusband figuraba un interesante personaje llamado J. Claude White. Como funcionario político en el Sikkim, White tenía considerable experiencia acerca de la caótica política en la frontera nororiental de la India y se sentía fascinado por lo que él denominaba «las misteriosas y desconocidas tierras del Tíbet». En su exposición de la misión, Younghusband describía a White como la quintaesencia del exiliado; él y su esposa vivían entregados a su jardín de Sikkim, donde hallaban un interés infinito en todo tipo de flores inglesas. Una de las pasiones de White era la fotografía; se llevó con él a la expedición una voluminosa cámara de placas con la que registró una serie de notables fotografías, además de la gente de los lugares que pasaban, fotografió puentes, carreteras y lugares de interés estratégico, y también obtuvo la primera fotografía del Everest a una distancia de 100 kilómetros donde destaca su impresionante altura frente a las poderosas montañas que la rodean.

Diez años después, en 1913 el aventurero y fotógrafo John Noel realiza una incursión ilícita en el Tíbet, disfrazado y con el pelo y la piel teñidos de oscuro también se acerca a menos de 100 kilómetros del Everest por el Este aunque las malas condiciones climatológicas de viento y frío impidieron un buen resultado de las fotografías conseguidas.

A partir de la derrota del ejército tibetano y el acuerdo subsiguiente, los británicos podían entrar en el país pese al recelo de sus habitantes. En 1921 se organiza la primera expedición británica de reconocimiento al Everest. La Real Sociedad Geográfica envía una expedición al Himalaya en el mes de abril al mando del coronel Charles Howard-Bury, viajero que veinte años atrás había realizado varias giras de exploración en el Himalaya.

Los montañeros habían desembarcado en Calcuta y viajado hasta Kalimpong al pie de la cordillera de Singalila. Desde allí subieron a Darjeeling que entonces era un asentamiento militar fronterizo donde comenzaban a establecerse los plantadores de té. Después de unos días de descanso mientras se contrataba a porteadores, entraron en el reino de Sikkim hasta la capital, Gantok.

Desde que abandonaron Darjeeling la expedición tuvo que enfrentarse a diversas dificultades. Las mulas del ejército que transportaban sus equipos y provisiones demostraron tener tan poco vigor que tuvieron que ser sustituidas por mulas de las montañas y por yaks. El clima resultaba agotador, por la mañana hacía calor, a mediodía se levantaba un viento cargado de polvo y por la noche la temperatura descendía abruptamente; la comida era básica y las gastroenteritis sumamente frecuentes. Buscaron el camino que seguirían posteriormente las demás expediciones, a través del valle de Chumbi, hasta el paso de Tang-La, por donde cruzaron finalmente la frontera de Tíbet. El largo camino por aquella dura meseta tibetana, vadeando ríos en forma precaria, sin una higiene adecuada, pasaron factura a esos esfuerzos, en particular a uno de los expedicionarios, Alexander Kellas que falleció por el camino de un ataque al corazón provocado por el agotamiento y la disentería.

Tardaron cinco semanas desde Darjeeling hasta encontrar la ruta por el glaciar de Rombuk. Uno de sus miembros, George Mallory, lideró la ascensión de un grupo de tres hombres hasta la base del collado Norte. Finalmente un huracán impidió que continuasen la subida. Mallory criticó a la vuelta, duramente al jefe de la expedición, Haward-Bury, por su difícil trato e ineficacia.

La segunda expedición británica se realizó al año siguiente, en 1922, al mando del General Bruce; fue realmente la primera gran expedición al Everest. Los 16 escaladores que componían el grupo llegaron al valle de Rongbuk en abril después de la larga aproximación a través de la altiplanicie tibetana del año anterior y se dispusieron a aventurarse en lo desconocido, inseguros acerca de los efectos de la altitud y equipados con una indumentaria y un material mas apropiado para los Alpes.

El primer intento de hacer cumbre estuvo a punto de terminar en desastre cuando tres de los escaladores comenzaron a resbalar por una pendiente y George Mallory pudo retenerles con su cuerda. El segundo intento comenzó el 25 de mayo, día en que un grupo de tres hombres partió hacia el Collado Norte. Eran el oficial gurka G. Bruce que jamás había escalado con anterioridad, su ayudante de campo el gurka Tejbir Bura y el australiano George Finch, el montañero más avezado de la expedición; los tres alcanzaron la altura de 8.330 metros. Unos días después, una avalancha en el collado Norte, sepultó a siete serpas, mientras subían con pertrechos. Eran las primeras victimas del Everest y ocurrió en el mismo lugar que sepultó a tres de nuestros compañeros en 1990.

En 1924 se organiza la tercera expedición británica al mando del mayor Edgard Norton. Norton y Somerwll ascienden hasta los 8.575 metros, record de altura hasta entonces. Gorge Malloy y Andrew Irving unos días después, intentan la ascensión y desaparecen por encima de esa altura. Odell es el último en verlos ascender por el segundo escalón. Aquella ascensión llenó de conjeturas al alpinismo, discutiendo hasta la saciedad si pudieron llegar a la cumbre y cayeron en el descenso o bien murieron en la subida.

Este accidente conmocionó el ambiente alpino británico y dejaron pasar nueve años antes de abordar nuevamente la montaña.

En 1933 se inicia la cuarta expedición británica. Las cuatro expediciones de los años treinta fueron obstaculizadas por las desavenencias y por la constante batalla contra las dificultades meteorológicas, pero aún así los escaladores Wym Harris, Laurence Pager y Frank Smitte ascienden hasta llegar a una altura de 8.565 metros. En esta ocasión, para no variar, el tiempo fue excepcionalmente malo, el alpinista Jack Longland y cinco porteadores se vieron sorprendidos por una furiosa tormenta y tuvieron que luchar duramente por sus vidas.

La montaña atrae a todo tipo de personas y hasta los eremitas las eligen para dejar volar su espíritu acercándose a los dioses.

Por eso no es de extrañar que en 1934 apareciese en escena un tipo singular que le llamaron el loco de Yorkshire, Maurice Wilson.

Wilson había servido con distinción en las trincheras durante la Segunda Guerra Mundial, siendo merecedor de una Cruz Militar y sobreviviendo a una ráfaga de ametralladora que le dejó secuelas en el brazo izquierdo. Después se dedicó a viajar y vivió durante unos años en Nueva Zelanda. Sufrió una grave enfermedad de la que se recuperó mediante una combinación de ayuno y plegarias, y quedó imbuido de un sentimiento de voluntad divina que le hizo convencerse de que podría escalar el Everest. No tenía la experiencia de un alpinista ni el equipo y compañeros que le pudieran ayudar a llegar a la cumbre, pero éstos quedaban compensados con creces por su fe y la confianza en el poder de la mente humana.

El procedimiento para ascender era inverosímil. Compró una avioneta de segunda mano con la que pensaba volar hasta el Tíbet, dejarse caer sobre las laderas inferiores del Everest y echar a andar hasta la cumbre.

No había pilotado nunca un avión ni subido a ninguna montaña así que se puso a la labor. Se inscribió en un aeroclub y contrató unas cuantas lecciones de vuelo, también realizó unos cuantos saltos con paracaídas y se dedicó a dar largas caminatas. Cuando consideró que estaba preparado, fue a despedirse de sus padres viajando con la avioneta y la estrelló por el camino. Esto le retrasó tres semanas hasta que la pudo recomponer. El ministerio del Aire le envió un telegrama prohibiéndole despegar con el aparato. Wilson lo rompió y partió rumbo a su objetivo.

Después de un impresionante vuelo en solitario, alcanzó dos semanas mas tarde el norte de la India, aterrizando en Bagdogra. Allí Wilson tuvo que rectificar sus planes; en la India. Los militares no se anduvieron con bromas y le inmovilizaron la avioneta y no le permitieron volar sobre Nepal y Tíbet como se proponía, así que vendió el aparato y se dirigió a Darjeeling.

Llegó allí a principios de febrero de 1934, tomo tres serpas a su servicio y marcho hacia el Tíbet, viajando disfrazado y con frecuencia de noche, hasta llegar a mediados de abril al valle de Rombuk . Del Campo Base salió con una mochila de 20 kilos pero no pudo llegar hasta la cabecera del glaciar del Rombuk Este, donde se instala comúnmente el campamento base avanzado a 6.500 metros. Esto no le hizo acobardarse. Dieciocho días mas tarde volvió a intentarlo, esta vez le acompañaron dos de sus porteadores hasta la base del collado norte; desde allí realizó varios intentos fallidos de subir la pared. Los serpas no le pudieron convencer de que abandonara. El día 31 de mayo dejó una nota final en su diario que decía «parto de nuevo: hace un día glorioso».

Un año después la expedición de Shipton encontró el cadáver de Wilson cerca de la base del Collado Norte junto con sus pertenencias, entre ellas su diario. Lo envolvieron en una tienda y lo sepultaron en una grieta. Las conjeturas que se hicieron, sitúan a Wilson regresando agotado de la pared norte, al encontrarse abandonado por sus dos serpas que se debían de haber retirado asustados cuando partió; no pudo recuperarse del agotamiento y del frío y falleció aquella misma noche. Piensan que Wilson no habría podido regresar del Everest con las manos vacías, obligado a admitir que su fe había sido infundada.

En 1935 partió la quinta expedición Británica, esta vez con el objetivo de reconocimiento de la zona y modesta en alpinistas y porteadores. El jefe de la expedición, Eric Shipton, contrató en Darjeeling al sherpa Tenzing Norgay, que participaba en su primera expedición a la montaña. Desde ese año acompañará a todas las expediciones que se dirijan al Everest, hasta culminarla con la conquista. Realmente Tenzing era tibetano, bhotia como les llaman en Nepal y la India a los emigrantes del Tíbet. Los serpas del valle de Khumbu ya habían demostrado su carácter y fortaleza para la montaña; los británicos los empezaron a contratar preferentemente, así que Tenzing que había emigrado a Namche Bazar, adoptó en Darjeeling el apellido Serpa.

La expedición cumplió sobradamente sus objetivos ascendiendo una veintena de picos de más de seis mil metros, reconociendo una amplia superficie de todo el entorno del macizo del Everest.

La sexta expedición británica se presentó un año mas tarde, en 1936, al mando de Ruttledge. Partieron de Darjeeling con ciento sesenta porteadores y por supuesto participaba por segunda vez Tenzing Norgay que aprendía con facilidad la técnica que demostraban los británicos. El monzón muy prematuro aquel año impidió cualquier progreso, y no pudieron pasar del Collado Norte.

En 1938 se realizó la séptima expedición británica, la dirigía Will Tilman, un jefe querido por todos, incluidos los sherpas, fue una expedición ligera que costó cuatro veces menos que la anterior. Participaba nuevamente Tenzing Norgay, esforzándose mucho realizando tres intentos, llegando hasta los 8.293 metros, pero la inminencia del monzón y el agotamiento les obligó a retirarse.

Un paréntesis de doce años por la segunda guerra mundial interrumpió cualquier aventura en la montaña y aquí debería acabar esta historia ya que en el año 1947 la India adquirió su independencia, pero el resumen final de la epopeya de la ascensión al Everest todavía se mantuvo un poco más.

Durante estos años, se produjeron cambios sustanciales en todo el mundo y en especial en esta parte del continente asiático. En 1949 Nepal abrió sus fronteras a los extranjeros y los británicos aprovecharon la oportunidad organizando en 1950 la primera expedición de reconocimiento por el Sur, buscando una ruta menos costosa que la vertiente norte del Tíbet que venía rechazándolos una y otra vez; querían explorar las posibilidades que ofrecía Nepal. De momento sus verdes valles ascendían por un terreno mas agradable para los expedicionarios, los bosques y praderas llegaban hasta el pié del glaciar Khumbu. La expedición la dirigían conjuntamente Hill Tilman y Charles Houston. No tuvieron mucho tiempo para adelantar lo suficiente la inspección y volvieron con dudas comprensibles. Su informe era lo suficientemente vago como para justificar una segunda y más completa visita.
Así que al año siguiente en 1951, se organiza la segunda expedición de reconocimiento por Nepal, dirigida por el renombrado veterano de expediciones de anteguerra al Everest, Eric Shipton, fue enviada con un pequeño grupo de reconocimiento en el verano. No creían tener muchas posibilidades pero Edmund Hillary y Ton Bourdillón que integraban el pequeño grupo descubrieron el camino que les permitía adentrarse en la montaña llegando hasta el valle del Silencio, abriendo la ruta por la peligrosa cascada del glaciar Khumbu.


El descubrimiento de los británicos hizo que los suizos explotaran esos conocimiento inesperados y en 1952, se adelantaron en conseguir dos permisos del gobierno de Nepal. La primera estaba dirigida por Wyss-Dumont y otra por G. Chevalley. En la dos participaron Raymond Lambert un excelente guía suizo y el sherpa de Tenzing Norgay; en estas expediciones arrancó una profunda amistad entre los dos que duró toda la vida. La competición estaba lanzada y casi triunfan ya que esta cordada llegó a la cumbre sur 8.593 metros, por la ruta del espolón de los ginebrinos que ellos abrieron.

La segunda expedición llegó al collado sur abriendo a su vez la ruta de la pared del Lotse, que se ha convertido en la ruta clásica y por la que se ascendió en el año 1953.
Finalmente en el año 1953 fue una expedición británica la que hizo cumbre. Se lo merecían por los esfuerzos que durante treinta y cuatro años le dedicaron a la montaña, sin contar los ciento trece empleados a la búsqueda de la cumbre más alta del planeta. La expedición que iba a conseguir la victoria estaba dirigida por John Hunt un militar de reconocido prestigio y que abordó la ascensión como una acción militar. Los británicos no escatimaron esfuerzos ni presupuesto, en la competición habían entrado los países alpinos, Suiza, Francia, e Italia. Alemania había dado una tregua a causa de la situación después de la guerra, pero se había recuperado, así que si Gran Bretaña quería escalar su montaña ese año sería el definitivo.


Y fue como no Tenzing Norgay el que hizo cumbre junto a Edmund Hillary, un personaje excepcional por su humanidad y que desde aquel año trabajó en ayudar a sus amigos serpas, creando una fundación que se ha encargado durante mas de cincuenta años en mejorar las condiciones de la comunidad serpa.

A la vuelta de la expedición los periodistas trataron de enemistar a los dos triunfadores intentando saber quien había llegado antes a la cumbre, escribiendo declaraciones falsas, pero ellos no cayeron en el error: eran de un temple superior.
Tenzing falleció en el año 1986 a los setenta y dos años. Hillary en el 2008 a los ochenta y cuatro. En sus últimos años, insistió como siempre lo había hecho en que ellos eran una cordada y la cordada llega a la unida a la cumbre, ¡qué mas daba quién había puesto el pie en una cima redondeada antes o después!, pero para aclarar la verdad, dijo que él había encabezado la cordada, y nada más. Su compañero había hecho tanto como él para llegar a la cumbre y los dos se habían ayudado en todo momento.


Los suizos subieron finalmente en 1956, seguidos de los chinos en 1960 y los americanos en 1963; los indios fueron la quinta expedición en poner a sus hombres en la cumbre en 1965. En 1990 cuando nosotros intentamos el ascenso, estábamos solos tanto en el Campo Base como en la ruta elegida, dos años después y ya por Nepal todo había cambiado, coincidimos con diez expediciones, alguna de ellas comerciales.

Afortunadamente en el Himalaya todavía quedan cumbres para soñar y subirlas
como lo hicieron los pioneros de esta historia.

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